Mutilados en espera de homicidio se cosen mientras beben escrúpulo, se empachan de carne nerviosa y así se conciben, fagocitan y asocian con textura de club benéfico, con el carnet de muñón tóxico y el diálogo en forma de laso reluciente, brillos en el humo del esfínter y género desconectado. Se nombran a sí mismos animales de cuneta, se suben al podio del nicho donde diarrean su sed de amor y condenan a milagros a los seres Hominosos. El uso de braguetarios los calma bajo la luz de su dibujo, se desahogan en la dimensión más cercana, se arañan imitando sonidos de murciélago, se aceitan las cicatrices pérfidas y, al salir, se les caen las mentiras de las uñas y una gota de cinismo les brilla en la frente, se evapora y fantasmea entre los presuntos invitados, víctimas demócratas.
Sergio Marín
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lunes, 31 de agosto de 2009
lunes, 17 de agosto de 2009
Nube convencida
Una nube convencida vuelca
su hedor sobre
el vientre de un beso encogido,
un bulto vertebrado
en la frente del insomnio
se pellizca la rabanera
en la corrupción amistosa,
despedrega tensiones,
consume tendencias de alicate
y desbroza de antojos la matriz,
putrefacción en cinta.
Un adagio la somete al cerebro
que se oxigena masticado,
híper ventila y ablanda los pezones de papel
al roce con los jugos de su delirio,
de la saliva quid procuo
para abrirse de piernas y abandonarse
a la náusea de la palabra.
Una nube pegajosa cae a plomo,
se insemina con la invocación
al vicio eréctil en gangrena la musa,
calambres inducidos
a un verso con los fórceps colgando
entre las piernas del poeta.
Sergio Marín
su hedor sobre
el vientre de un beso encogido,
un bulto vertebrado
en la frente del insomnio
se pellizca la rabanera
en la corrupción amistosa,
despedrega tensiones,
consume tendencias de alicate
y desbroza de antojos la matriz,
putrefacción en cinta.
Un adagio la somete al cerebro
que se oxigena masticado,
híper ventila y ablanda los pezones de papel
al roce con los jugos de su delirio,
de la saliva quid procuo
para abrirse de piernas y abandonarse
a la náusea de la palabra.
Una nube pegajosa cae a plomo,
se insemina con la invocación
al vicio eréctil en gangrena la musa,
calambres inducidos
a un verso con los fórceps colgando
entre las piernas del poeta.
Sergio Marín
martes, 14 de julio de 2009
Flamante
Desaparezco en la transparente extinción.
Mordiscos de culebra coagulan el método
y estoy lleno de veneno sin señales aparentes,
deudo al recién nacido,
rojo de no se sabe qué, con la baba
del amor la fe y el tránsito,
lechal páramo palabra.
Estaciono la llamada del humano,
prescribo lágrimas dirigidas al ido quedo,
difícil flor
sin atar de soga y mona,
torturador planetario
incluidos los mágicos.
Me resino en la cordura y saco el don
a los tableros la calle,
a los nudos de piernas y palabras de vino
o vino sin palabras y lo entendimos ir.
Se me ha ido la sombra,
la despedí,
se le acabó la obligación.
Achuchanme las preguntas
y desde el mí calor se las cata:
¿y si se van antepechos mis manos,
y si el beso se va no pero,
y si se va el movimiento de caderas y se paran los ojos?
Gallardo el triste que llena mucho sitio,
algo roto y con el control bajo el fuego cruzado
despiece en especie, de qué gen no importa,
languidece la contornada impresa
y se me crispa el caserío,
no inscribo duda,
respeto el freno ebrio,
pica el forro de las venas y el pelo se para
en depósito.
Sin miedo un pájaro -me pregunto por quéme
picotea el pie en la ingle de la sien y se va...
Nazco colgado de un barrote tronchado
y muero descalzo de herrumbre,
más desnudo,
pátina del reflejo a chorro
y con ausencia de color luna maleta
guardo también el niño,
algo de mi asesino de muelles,
desencuentros con la medida
y escamas de fijos amores.
No me llega el choto para cubrir la tristeza,
desaparición de rodeo,
arneses en portales,
anillas en las ondas y sin dejar de ser parque
con la sonrisa del que no teme estrellarse,
qué cepa,
poeta que provoca vómitos estériles
y colas de esperanza biliar:
elijo una mancha… analogía de agua.
Sergio Marín
Mordiscos de culebra coagulan el método
y estoy lleno de veneno sin señales aparentes,
deudo al recién nacido,
rojo de no se sabe qué, con la baba
del amor la fe y el tránsito,
lechal páramo palabra.
Estaciono la llamada del humano,
prescribo lágrimas dirigidas al ido quedo,
difícil flor
sin atar de soga y mona,
torturador planetario
incluidos los mágicos.
Me resino en la cordura y saco el don
a los tableros la calle,
a los nudos de piernas y palabras de vino
o vino sin palabras y lo entendimos ir.
Se me ha ido la sombra,
la despedí,
se le acabó la obligación.
Achuchanme las preguntas
y desde el mí calor se las cata:
¿y si se van antepechos mis manos,
y si el beso se va no pero,
y si se va el movimiento de caderas y se paran los ojos?
Gallardo el triste que llena mucho sitio,
algo roto y con el control bajo el fuego cruzado
despiece en especie, de qué gen no importa,
languidece la contornada impresa
y se me crispa el caserío,
no inscribo duda,
respeto el freno ebrio,
pica el forro de las venas y el pelo se para
en depósito.
Sin miedo un pájaro -me pregunto por quéme
picotea el pie en la ingle de la sien y se va...
Nazco colgado de un barrote tronchado
y muero descalzo de herrumbre,
más desnudo,
pátina del reflejo a chorro
y con ausencia de color luna maleta
guardo también el niño,
algo de mi asesino de muelles,
desencuentros con la medida
y escamas de fijos amores.
No me llega el choto para cubrir la tristeza,
desaparición de rodeo,
arneses en portales,
anillas en las ondas y sin dejar de ser parque
con la sonrisa del que no teme estrellarse,
qué cepa,
poeta que provoca vómitos estériles
y colas de esperanza biliar:
elijo una mancha… analogía de agua.
Sergio Marín
lunes, 6 de julio de 2009
Ambigú
Ambigú
Ser un suspiro en las tapas de Vallejo, un pelo en las barbas de Whitman, un decir luminoso y un desasir las bolsas en este rincón Bachertuliano, nido de cobras pupilas dilatadas. Ser una espora febril que alergia este campo de hongos, la quimicefa del síntoma hierático, un buril transgresor mas allá de la piel, un implante a cuchillo o una bodega vuestros tinos donde bajo la vela y me ahogo con los vapores del matiz, me contagio de vuestra lepra. Me consuelan vuestra tiroides que empujan mi compadre y hasta le he cogido el gusto al robo, os robo, lo salino y las índoles, heparina de la psique motilidad y la promiscuidad se apodera del muñón al que le crecen arsenales, os ceno y defeco en el papel donde salta el split iconoclasta, el barrendero que se sacude la luz de la mano y se ríe de la narcosis de Narciso. Admiro vuestra crítica no enfundada de grados de alcoholismo en columna de a uno, la mentira no cabe en el poeta, en el engendro que lo viola, si. Jamás miro a un poeta si no con admiración, llevo navaja con prosa en las cachas, filo esportillado de tanto hueso ajeno a la médula, tajos cortos o de la profundidad que pida el falso, a veces me corto y sangro como cualquier nacido. Me es indiferente si es negro con mechas babafónicas o ismo copulante, si es verso biodegradable en el pop social, todos nos vestimos, pero un poeta se desnuda, una vez desnudo se vuelve a desnudar, una y otra vez, y este nudismo sin escurrir sólo es posible por el ombligo único, el amor, llevémoslo con la erección erudita o con las mulas, al parto permanente de su labor.
Sergio Marín
Ser un suspiro en las tapas de Vallejo, un pelo en las barbas de Whitman, un decir luminoso y un desasir las bolsas en este rincón Bachertuliano, nido de cobras pupilas dilatadas. Ser una espora febril que alergia este campo de hongos, la quimicefa del síntoma hierático, un buril transgresor mas allá de la piel, un implante a cuchillo o una bodega vuestros tinos donde bajo la vela y me ahogo con los vapores del matiz, me contagio de vuestra lepra. Me consuelan vuestra tiroides que empujan mi compadre y hasta le he cogido el gusto al robo, os robo, lo salino y las índoles, heparina de la psique motilidad y la promiscuidad se apodera del muñón al que le crecen arsenales, os ceno y defeco en el papel donde salta el split iconoclasta, el barrendero que se sacude la luz de la mano y se ríe de la narcosis de Narciso. Admiro vuestra crítica no enfundada de grados de alcoholismo en columna de a uno, la mentira no cabe en el poeta, en el engendro que lo viola, si. Jamás miro a un poeta si no con admiración, llevo navaja con prosa en las cachas, filo esportillado de tanto hueso ajeno a la médula, tajos cortos o de la profundidad que pida el falso, a veces me corto y sangro como cualquier nacido. Me es indiferente si es negro con mechas babafónicas o ismo copulante, si es verso biodegradable en el pop social, todos nos vestimos, pero un poeta se desnuda, una vez desnudo se vuelve a desnudar, una y otra vez, y este nudismo sin escurrir sólo es posible por el ombligo único, el amor, llevémoslo con la erección erudita o con las mulas, al parto permanente de su labor.
Sergio Marín
sábado, 27 de junio de 2009
proselitismo en busca y captura
La mujer baja la pata de cabra en la esquina de su hambre,
se merienda el filo,
los brotes que le quedan embrollo de cuerpo y medio
y no quiere ser molestada por un sincero simulacro,
una estaca quizás la grupa le rasgue
achuchón al cuero liso fotografía,
un día en las medianeras
saetas en el cráneo,
hasta que la fusta le alcanza las ingles
en dialecto baba cosmopolita
y los sintetizadores de olores en la atrofia maleante
se sumergen en un patrimonio sin economía.
Adoquines sábanas y litros de droguería
del cuerno a la cacha navaja con tacón de aguja,
merendar familia del aguardo al esquilador serena.
Sin la melena del pasado
es capaz de ver la hermosura ruido
de su sexo de taquilla libre,
un pasto se cierne sobre la trashumante
que templa el vientre y abandona la silla.
Sergio Marín
se merienda el filo,
los brotes que le quedan embrollo de cuerpo y medio
y no quiere ser molestada por un sincero simulacro,
una estaca quizás la grupa le rasgue
achuchón al cuero liso fotografía,
un día en las medianeras
saetas en el cráneo,
hasta que la fusta le alcanza las ingles
en dialecto baba cosmopolita
y los sintetizadores de olores en la atrofia maleante
se sumergen en un patrimonio sin economía.
Adoquines sábanas y litros de droguería
del cuerno a la cacha navaja con tacón de aguja,
merendar familia del aguardo al esquilador serena.
Sin la melena del pasado
es capaz de ver la hermosura ruido
de su sexo de taquilla libre,
un pasto se cierne sobre la trashumante
que templa el vientre y abandona la silla.
Sergio Marín
jueves, 25 de junio de 2009
Antítesis coagulante
El no me llena de vidrios la sangre,
taciturno de prontos
y raro en los sueños, no arde
y me mira de reojo,
apoyado en la mesa del deseo
con las manos entre el si.
El no es una balsa entre corrientes,
miembros restos de consuelos por los caminos,
polvo de renuncia.
El no se derrite ante el si tú,
se ata al árbol amarillo de la mirada
y no expectorante de aullidos,
me ciega y pisoteo la comedia.
El no me suda a mordiscos
y entablilla medidas que escapan
y acaban desbordándose
entre tus risas de caverna,
me cose las ganas de volver
a los dones de tu capataz.
Respiro con medio pie, tengo sólo una vena y el ansia me hace dar largos paseos por el techo del no te veo, no veo, la culpa y otros animales me muerden los ojos, he creído en el equilibrio y caído desde el palco, con el ceño roto, el ebrio en huelga y el gato arañando la espalda al decorado, niego el no.
El si no tiene prisa,
es manifestante con carné de égida,
lame si es preciso con la saliva
del culpable el inocente
del ejemplo y su esparto
insoluble en razones,
se ríe del segundero ataúd,
es el amante de la paciencia,
la duerme y acaricia...
Si, se clava en cada una de las ventosas
que ralentizan al galgo ese
memoria pantomima,
husillo donde me aprieta el lúcido
que no vive en literatura,
y si, es golpe tónico de mis tardes
retortero sindicado a tu distancia fábula.
Sigo pieza, estoy ahora con goteras en los pies, taxista por donde quieras, vociferante de la impresión que me causa tu confite, que es mi almuerzo detalle sin telaraña el si, donde arreo mis mulas hacia tu crema capital y cargado de tu calcio la beta, la del sí berreo al antiséptico hasta que marcha y nos deja lamernos el corral, afirmo.
Sergio Marín
taciturno de prontos
y raro en los sueños, no arde
y me mira de reojo,
apoyado en la mesa del deseo
con las manos entre el si.
El no es una balsa entre corrientes,
miembros restos de consuelos por los caminos,
polvo de renuncia.
El no se derrite ante el si tú,
se ata al árbol amarillo de la mirada
y no expectorante de aullidos,
me ciega y pisoteo la comedia.
El no me suda a mordiscos
y entablilla medidas que escapan
y acaban desbordándose
entre tus risas de caverna,
me cose las ganas de volver
a los dones de tu capataz.
Respiro con medio pie, tengo sólo una vena y el ansia me hace dar largos paseos por el techo del no te veo, no veo, la culpa y otros animales me muerden los ojos, he creído en el equilibrio y caído desde el palco, con el ceño roto, el ebrio en huelga y el gato arañando la espalda al decorado, niego el no.
El si no tiene prisa,
es manifestante con carné de égida,
lame si es preciso con la saliva
del culpable el inocente
del ejemplo y su esparto
insoluble en razones,
se ríe del segundero ataúd,
es el amante de la paciencia,
la duerme y acaricia...
Si, se clava en cada una de las ventosas
que ralentizan al galgo ese
memoria pantomima,
husillo donde me aprieta el lúcido
que no vive en literatura,
y si, es golpe tónico de mis tardes
retortero sindicado a tu distancia fábula.
Sigo pieza, estoy ahora con goteras en los pies, taxista por donde quieras, vociferante de la impresión que me causa tu confite, que es mi almuerzo detalle sin telaraña el si, donde arreo mis mulas hacia tu crema capital y cargado de tu calcio la beta, la del sí berreo al antiséptico hasta que marcha y nos deja lamernos el corral, afirmo.
Sergio Marín
martes, 23 de junio de 2009
Me viene voy ¿te vienes?
Me viene el triste a la pantorrilla, busca asiento
junto a los buitres del a b c te digo haz esto
y deberías tachar la ubre alquitrán de cueva sin vela,
presos bajan la pupila de su espasmo caudal.
Me bebe el tratado en canción desfibrilada
pedazos de niebla capón mudez de olfato,
agudas del susto,
edema emocional del roce baja la ventanilla.
Libre el río del estreñimiento,
aprieto la piedra picotazo del escorpión
veneno si para recitar,
amartillar el pezón del verso
coliflor de todos,
hombre perra y sin enganche,
pájaro carnívoro con gafas
y peón en los tableros de quien escuche,
para ver nacer perlas en la faceta del oscilo
y perímetros sin cordón en los animales obligatorios,
agina de sombra,
bujía sacudir del coma ansiolítico,
palillo entre las uñas del límpido
y atajo en la diáspora contemplativa.
Sergio Marín
junto a los buitres del a b c te digo haz esto
y deberías tachar la ubre alquitrán de cueva sin vela,
presos bajan la pupila de su espasmo caudal.
Me bebe el tratado en canción desfibrilada
pedazos de niebla capón mudez de olfato,
agudas del susto,
edema emocional del roce baja la ventanilla.
Libre el río del estreñimiento,
aprieto la piedra picotazo del escorpión
veneno si para recitar,
amartillar el pezón del verso
coliflor de todos,
hombre perra y sin enganche,
pájaro carnívoro con gafas
y peón en los tableros de quien escuche,
para ver nacer perlas en la faceta del oscilo
y perímetros sin cordón en los animales obligatorios,
agina de sombra,
bujía sacudir del coma ansiolítico,
palillo entre las uñas del límpido
y atajo en la diáspora contemplativa.
Sergio Marín
viernes, 19 de junio de 2009
Corriente continua
A Carmen, el amor.
Estás debajo de la cuchara,
en lo que esconde el fondo del plato,
en la maquinaria del callejón
y en cada una de las cajas que me quedan por abrir.
Estás en el albedrío, de brindis,
en las fachadas de la memoria,
en la espalda del turno sin remite
y en la abolición curva de la pena estás,
derribo de la vela que sanciones alumbra,
bacteria fugaz y contagio compás de cadera
estás frente al cadáver de lo fingido, lo pateas.
Mirando al linde de una sonrisa que huye estás
abriendo el grifo de la palabra,
y en el ojo cerradura por donde te miro
te giras y en un beso me das la llave.
En el arco voltaico libídine estás
y me estás acariciando la escapada,
tranquila, estoy para darte mi fauna
sin envoltorio, garrapata en la grupa
de tu animal mujer y en lo humanamente posible,
estar en la última mejilla, sonriendo
en cualquiera de los dos lados,
hasta fin de obra.
Sergio Marín
Estás debajo de la cuchara,
en lo que esconde el fondo del plato,
en la maquinaria del callejón
y en cada una de las cajas que me quedan por abrir.
Estás en el albedrío, de brindis,
en las fachadas de la memoria,
en la espalda del turno sin remite
y en la abolición curva de la pena estás,
derribo de la vela que sanciones alumbra,
bacteria fugaz y contagio compás de cadera
estás frente al cadáver de lo fingido, lo pateas.
Mirando al linde de una sonrisa que huye estás
abriendo el grifo de la palabra,
y en el ojo cerradura por donde te miro
te giras y en un beso me das la llave.
En el arco voltaico libídine estás
y me estás acariciando la escapada,
tranquila, estoy para darte mi fauna
sin envoltorio, garrapata en la grupa
de tu animal mujer y en lo humanamente posible,
estar en la última mejilla, sonriendo
en cualquiera de los dos lados,
hasta fin de obra.
Sergio Marín
Lobotomía transitoria
Creer en los transplantes de manías,
merecer los pies y un gin
en la terraza del canódromo
donde un chiste persigue esquinas
equilibrio látex y repara sorderas,
turbos con flato,
irritaciones en las cajas de cambio.
Soltar asombros por minuto,
dejar ir el olor a tibio el dedal
y el sereno reñir con el pito,
dejar la mandíbula el metal
prótesis de rumiante frente al modelo,
amar los silencios, lacerarlos es deporte.
Trenzar los destinos en la vulva
lozanía de creer en cuatro hombros,
alcanzar la liebre entre las piernas
el grosor de una sonrisa,
porque al que no le habla ya la lengua
sufre lobotomía transitoria.
Sergio Marín
merecer los pies y un gin
en la terraza del canódromo
donde un chiste persigue esquinas
equilibrio látex y repara sorderas,
turbos con flato,
irritaciones en las cajas de cambio.
Soltar asombros por minuto,
dejar ir el olor a tibio el dedal
y el sereno reñir con el pito,
dejar la mandíbula el metal
prótesis de rumiante frente al modelo,
amar los silencios, lacerarlos es deporte.
Trenzar los destinos en la vulva
lozanía de creer en cuatro hombros,
alcanzar la liebre entre las piernas
el grosor de una sonrisa,
porque al que no le habla ya la lengua
sufre lobotomía transitoria.
Sergio Marín
Usted
Usted
Un silbido de anestesia
me roza los muslos de la suerte
y no miro más que al molotov almado,
una trenza descuelga del pecho balcón
a la raíz de usted la palanca.
Autostop de precipicio
bebo agua destilada de su mecánica
latiguillo escape arquetipo,
guá del mirar aullido
ombligos al barbecho,
caramelo de usted fe chupado
mensaje sin saldo.
Amor pipón, ay que susto
malentendido de usted cosido
a la tetraplegia de Narciso.
Este filtro se apunta
al escándalo en corto,
al semejante que masca criptonita
micción de usted,
consuelo náufragos de corbata
y la goma flota en la gasolina.
Usted, el cisne ahogado,
un lobo que chupa papel
herencia indígena en el tinte,
adicto jardín de la obviedad
sindicato de pájaros al futbol,
las cisternas no necesitan agua
y sobra tatami entre las uñas,
usted necesita llantos impares, usted.
Sergio Marín
Un silbido de anestesia
me roza los muslos de la suerte
y no miro más que al molotov almado,
una trenza descuelga del pecho balcón
a la raíz de usted la palanca.
Autostop de precipicio
bebo agua destilada de su mecánica
latiguillo escape arquetipo,
guá del mirar aullido
ombligos al barbecho,
caramelo de usted fe chupado
mensaje sin saldo.
Amor pipón, ay que susto
malentendido de usted cosido
a la tetraplegia de Narciso.
Este filtro se apunta
al escándalo en corto,
al semejante que masca criptonita
micción de usted,
consuelo náufragos de corbata
y la goma flota en la gasolina.
Usted, el cisne ahogado,
un lobo que chupa papel
herencia indígena en el tinte,
adicto jardín de la obviedad
sindicato de pájaros al futbol,
las cisternas no necesitan agua
y sobra tatami entre las uñas,
usted necesita llantos impares, usted.
Sergio Marín
Finta
Finta
Fue la púa,
golpeó duro en mi garganta guitarra de mercado
y el perista perló y fue,
el oxidante de tus pabellones nudos y empujones
que tumbaron mis bandos,
el monzón que no llega lotería y extintor vacío,
fue pues el roce de tu aleta
en mis patillas de humus que despertó
al oriental de mi sueño harakiri de gemelo,
y fue tu gelatina, eyector sin retorno
y mi estibador volcando elección al mar desviando luz,
fue esa luz, esa que me destripó en plena calle
y caí cuneta pulgar sin opción,
a ras cultivable contuso jugando al tute,
apareciste bicha, amortiguador de mi amniótico semifinal
liturgia con listón y caída sin réplica del opio olímpico,
y fue, consumación y susto de sima donde asomé el duende
y fui, una ceniza viajando ahogándose en tu charco de tiempo.
Fue la púa,
golpeó duro en mi garganta guitarra de mercado
y el perista perló y fue,
el oxidante de tus pabellones nudos y empujones
que tumbaron mis bandos,
el monzón que no llega lotería y extintor vacío,
fue pues el roce de tu aleta
en mis patillas de humus que despertó
al oriental de mi sueño harakiri de gemelo,
y fue tu gelatina, eyector sin retorno
y mi estibador volcando elección al mar desviando luz,
fue esa luz, esa que me destripó en plena calle
y caí cuneta pulgar sin opción,
a ras cultivable contuso jugando al tute,
apareciste bicha, amortiguador de mi amniótico semifinal
liturgia con listón y caída sin réplica del opio olímpico,
y fue, consumación y susto de sima donde asomé el duende
y fui, una ceniza viajando ahogándose en tu charco de tiempo.
miércoles, 3 de junio de 2009
lluvia de huellas
Lluvia de huellas
Dejó su huella, cuando tembló, el asfalto que me sujeta el pelo, me llamó la lengua, y un interrogante me estiró el escrutinio. Huella tapa poros del atiende, comerciante de insistencias y reclamo de caricias, reflejos border line, trapos nuevos por seccionar y cordones para atar los reguladores de la proteína que espolea las ganas de jugar. Huellas en la raíz, en la crisma, en la sábana del arranque, en la grieta que se sujeta con palillos, en el quedarte por ahí, por las tardes de ala, en el remo, en la trenza visión de la espera. Huellas, transeúntes de vena y hambres de perfil, del roce con tu antena, huellas en el pupitre de tus piernas, en la pizarra de espaldas, en el negativo del swing y mirar de tacón, pañuelo quitapenas y huella de bandera negra con crespón negro, al rescate de la fractura en tu labio y huella en la extirpe del kilo y el gramo en las cenizas del costado, en la tensión lírica del músculo que te ama, huella acople, ensanche y derrumbe del postizo, huella en el hombre y en el cemento del poeta.
Sergio Marín
Dejó su huella, cuando tembló, el asfalto que me sujeta el pelo, me llamó la lengua, y un interrogante me estiró el escrutinio. Huella tapa poros del atiende, comerciante de insistencias y reclamo de caricias, reflejos border line, trapos nuevos por seccionar y cordones para atar los reguladores de la proteína que espolea las ganas de jugar. Huellas en la raíz, en la crisma, en la sábana del arranque, en la grieta que se sujeta con palillos, en el quedarte por ahí, por las tardes de ala, en el remo, en la trenza visión de la espera. Huellas, transeúntes de vena y hambres de perfil, del roce con tu antena, huellas en el pupitre de tus piernas, en la pizarra de espaldas, en el negativo del swing y mirar de tacón, pañuelo quitapenas y huella de bandera negra con crespón negro, al rescate de la fractura en tu labio y huella en la extirpe del kilo y el gramo en las cenizas del costado, en la tensión lírica del músculo que te ama, huella acople, ensanche y derrumbe del postizo, huella en el hombre y en el cemento del poeta.
Sergio Marín
lunes, 1 de junio de 2009
Queratina y república.
Dedos deshabitados por los garajes de un existencialista
sin esqueleto, que cae fractura escalofrío y ausencia,
prescrito lágrima, carga de nombres,
astillas de eslabón, muro anterior del aceite
resina de la duda que al pasar por la traquea,
se queda colgado en silbido, y algún pájaro
al quite se lleva el atracón ubres de hormiga
donde escribe, al oído de los cuerpos del delito,
entre las agujas y pitidos de tachón,
larvas vocablo de génesis y espuma.
Concede salir al cruce y diente que le queda,
emulsiona con la luz,
endurece la ceja de la semiótica,
le salpica un asfalto en el ojo donde ama
y un claxon intenta circuncidarle el silencio.
No hay caso, se lava en el charco de su habitante,
en la demora de un cuerpo y su voz, las tensiones
y las partes del amor que llenan el aire sacuden
su escándalo y palpita de nuevo acordes humanos,
se sienta en el borde de su reciente pupila,
suda ganas de andar descalzo convocatoria
hormona de grillo, hélices en la transfusión constante
del labio crecido callejero y mensaje,
con las partículas fuera de las vendas en quiebra,
invulnerable ser completo,
transmutante de humores vanguardias de las repúblicas
que llaman días.
Sergio Marín
Dedos deshabitados por los garajes de un existencialista
sin esqueleto, que cae fractura escalofrío y ausencia,
prescrito lágrima, carga de nombres,
astillas de eslabón, muro anterior del aceite
resina de la duda que al pasar por la traquea,
se queda colgado en silbido, y algún pájaro
al quite se lleva el atracón ubres de hormiga
donde escribe, al oído de los cuerpos del delito,
entre las agujas y pitidos de tachón,
larvas vocablo de génesis y espuma.
Concede salir al cruce y diente que le queda,
emulsiona con la luz,
endurece la ceja de la semiótica,
le salpica un asfalto en el ojo donde ama
y un claxon intenta circuncidarle el silencio.
No hay caso, se lava en el charco de su habitante,
en la demora de un cuerpo y su voz, las tensiones
y las partes del amor que llenan el aire sacuden
su escándalo y palpita de nuevo acordes humanos,
se sienta en el borde de su reciente pupila,
suda ganas de andar descalzo convocatoria
hormona de grillo, hélices en la transfusión constante
del labio crecido callejero y mensaje,
con las partículas fuera de las vendas en quiebra,
invulnerable ser completo,
transmutante de humores vanguardias de las repúblicas
que llaman días.
Sergio Marín
domingo, 31 de mayo de 2009
De qué manera se existe
De qué manera se existe
La existencia, ¿qué importa? Existo de la mejor forma que
puedo
Ian Curtis
De qué manera se existe.
Agarrado a un péndulo
inhalar aire automático
partículas a empujones nos acercan,
sueldan sin salir de los cuerpos,
se puede salir del cuerpo y volver...
De qué manera se existe.
Un corazón es una feria de muestras vacía,
una mierda que ni siquiera huele,
unos tacones que no suenan, disparos,
la muerte de una transmisión
se queda entre las paredes del hueso.
De qué manera se existe.
Al beber esto de todo y algún torpe pegado al oído,
si tu vida es una mierda y la mía también,
esta en las pieles, en los tornos,
en los volantes y en las pantallas
gigantes de las miradas.
De que manera se existe.
Inventando un pasado,
gracias por la parte que me toca,
mirando puertas con las marcas
y riéndose de Mr. Hyde
ahora loco antes normal.
De que manera se existe.
No prometer ni estar agradecido,
mis tus palabras no valen lo mismo
sencillamente no valen,
hacer el amor a los hechos
te devuelve el cuerpo.
De qué manera se existe.
No saber nadar en un plato con comida
no saber nadar en un plato sin comida,
hablar con la boca llena de cordones umbilicales,
cambiar sexo por cables por imágenes
y verse el rostro en un cromo
álbum de alguna imaginación sin niño.
De qué manera se existe.
Alguien dijo ser mejor,
Nadie, que es el domino
grande la posee y es poseído
por si mismo hasta que cae
al charco de todos.
De qué manera se existe.
La confusión huele bien,
a pan a perfume y droga
a sexo a dinero a verdad
a divino a gratuito,
algo se quema…
De qué manera se existe.
En la literatura, cabeza de pescado
si la chupas te descubre algo.
En la soledad del adicto
que se descose y se zurce
muere sin saber,
o vive sin saber como el que no lo es.
De que manera se existe.
Abrazado al amor con miedo terrible
al entenderlo comprobarlo
tocarlo, sin huir, cada día.
El amor no es como nos han contado,
es diferente, sin bibliografía,
sin aceite ni freno motor,
no se mide,
no se prueba,
se cree o no se cree,
es la manera de existir.
Sergio Marín
La existencia, ¿qué importa? Existo de la mejor forma que
puedo
Ian Curtis
De qué manera se existe.
Agarrado a un péndulo
inhalar aire automático
partículas a empujones nos acercan,
sueldan sin salir de los cuerpos,
se puede salir del cuerpo y volver...
De qué manera se existe.
Un corazón es una feria de muestras vacía,
una mierda que ni siquiera huele,
unos tacones que no suenan, disparos,
la muerte de una transmisión
se queda entre las paredes del hueso.
De qué manera se existe.
Al beber esto de todo y algún torpe pegado al oído,
si tu vida es una mierda y la mía también,
esta en las pieles, en los tornos,
en los volantes y en las pantallas
gigantes de las miradas.
De que manera se existe.
Inventando un pasado,
gracias por la parte que me toca,
mirando puertas con las marcas
y riéndose de Mr. Hyde
ahora loco antes normal.
De que manera se existe.
No prometer ni estar agradecido,
mis tus palabras no valen lo mismo
sencillamente no valen,
hacer el amor a los hechos
te devuelve el cuerpo.
De qué manera se existe.
No saber nadar en un plato con comida
no saber nadar en un plato sin comida,
hablar con la boca llena de cordones umbilicales,
cambiar sexo por cables por imágenes
y verse el rostro en un cromo
álbum de alguna imaginación sin niño.
De qué manera se existe.
Alguien dijo ser mejor,
Nadie, que es el domino
grande la posee y es poseído
por si mismo hasta que cae
al charco de todos.
De qué manera se existe.
La confusión huele bien,
a pan a perfume y droga
a sexo a dinero a verdad
a divino a gratuito,
algo se quema…
De qué manera se existe.
En la literatura, cabeza de pescado
si la chupas te descubre algo.
En la soledad del adicto
que se descose y se zurce
muere sin saber,
o vive sin saber como el que no lo es.
De que manera se existe.
Abrazado al amor con miedo terrible
al entenderlo comprobarlo
tocarlo, sin huir, cada día.
El amor no es como nos han contado,
es diferente, sin bibliografía,
sin aceite ni freno motor,
no se mide,
no se prueba,
se cree o no se cree,
es la manera de existir.
Sergio Marín
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