Desaparezco en la transparente extinción.
Mordiscos de culebra coagulan el método
y estoy lleno de veneno sin señales aparentes,
deudo al recién nacido,
rojo de no se sabe qué, con la baba
del amor la fe y el tránsito,
lechal páramo palabra.
Estaciono la llamada del humano,
prescribo lágrimas dirigidas al ido quedo,
difícil flor
sin atar de soga y mona,
torturador planetario
incluidos los mágicos.
Me resino en la cordura y saco el don
a los tableros la calle,
a los nudos de piernas y palabras de vino
o vino sin palabras y lo entendimos ir.
Se me ha ido la sombra,
la despedí,
se le acabó la obligación.
Achuchanme las preguntas
y desde el mí calor se las cata:
¿y si se van antepechos mis manos,
y si el beso se va no pero,
y si se va el movimiento de caderas y se paran los ojos?
Gallardo el triste que llena mucho sitio,
algo roto y con el control bajo el fuego cruzado
despiece en especie, de qué gen no importa,
languidece la contornada impresa
y se me crispa el caserío,
no inscribo duda,
respeto el freno ebrio,
pica el forro de las venas y el pelo se para
en depósito.
Sin miedo un pájaro -me pregunto por quéme
picotea el pie en la ingle de la sien y se va...
Nazco colgado de un barrote tronchado
y muero descalzo de herrumbre,
más desnudo,
pátina del reflejo a chorro
y con ausencia de color luna maleta
guardo también el niño,
algo de mi asesino de muelles,
desencuentros con la medida
y escamas de fijos amores.
No me llega el choto para cubrir la tristeza,
desaparición de rodeo,
arneses en portales,
anillas en las ondas y sin dejar de ser parque
con la sonrisa del que no teme estrellarse,
qué cepa,
poeta que provoca vómitos estériles
y colas de esperanza biliar:
elijo una mancha… analogía de agua.
Sergio Marín
martes, 14 de julio de 2009
lunes, 6 de julio de 2009
Ambigú
Ambigú
Ser un suspiro en las tapas de Vallejo, un pelo en las barbas de Whitman, un decir luminoso y un desasir las bolsas en este rincón Bachertuliano, nido de cobras pupilas dilatadas. Ser una espora febril que alergia este campo de hongos, la quimicefa del síntoma hierático, un buril transgresor mas allá de la piel, un implante a cuchillo o una bodega vuestros tinos donde bajo la vela y me ahogo con los vapores del matiz, me contagio de vuestra lepra. Me consuelan vuestra tiroides que empujan mi compadre y hasta le he cogido el gusto al robo, os robo, lo salino y las índoles, heparina de la psique motilidad y la promiscuidad se apodera del muñón al que le crecen arsenales, os ceno y defeco en el papel donde salta el split iconoclasta, el barrendero que se sacude la luz de la mano y se ríe de la narcosis de Narciso. Admiro vuestra crítica no enfundada de grados de alcoholismo en columna de a uno, la mentira no cabe en el poeta, en el engendro que lo viola, si. Jamás miro a un poeta si no con admiración, llevo navaja con prosa en las cachas, filo esportillado de tanto hueso ajeno a la médula, tajos cortos o de la profundidad que pida el falso, a veces me corto y sangro como cualquier nacido. Me es indiferente si es negro con mechas babafónicas o ismo copulante, si es verso biodegradable en el pop social, todos nos vestimos, pero un poeta se desnuda, una vez desnudo se vuelve a desnudar, una y otra vez, y este nudismo sin escurrir sólo es posible por el ombligo único, el amor, llevémoslo con la erección erudita o con las mulas, al parto permanente de su labor.
Sergio Marín
Ser un suspiro en las tapas de Vallejo, un pelo en las barbas de Whitman, un decir luminoso y un desasir las bolsas en este rincón Bachertuliano, nido de cobras pupilas dilatadas. Ser una espora febril que alergia este campo de hongos, la quimicefa del síntoma hierático, un buril transgresor mas allá de la piel, un implante a cuchillo o una bodega vuestros tinos donde bajo la vela y me ahogo con los vapores del matiz, me contagio de vuestra lepra. Me consuelan vuestra tiroides que empujan mi compadre y hasta le he cogido el gusto al robo, os robo, lo salino y las índoles, heparina de la psique motilidad y la promiscuidad se apodera del muñón al que le crecen arsenales, os ceno y defeco en el papel donde salta el split iconoclasta, el barrendero que se sacude la luz de la mano y se ríe de la narcosis de Narciso. Admiro vuestra crítica no enfundada de grados de alcoholismo en columna de a uno, la mentira no cabe en el poeta, en el engendro que lo viola, si. Jamás miro a un poeta si no con admiración, llevo navaja con prosa en las cachas, filo esportillado de tanto hueso ajeno a la médula, tajos cortos o de la profundidad que pida el falso, a veces me corto y sangro como cualquier nacido. Me es indiferente si es negro con mechas babafónicas o ismo copulante, si es verso biodegradable en el pop social, todos nos vestimos, pero un poeta se desnuda, una vez desnudo se vuelve a desnudar, una y otra vez, y este nudismo sin escurrir sólo es posible por el ombligo único, el amor, llevémoslo con la erección erudita o con las mulas, al parto permanente de su labor.
Sergio Marín
sábado, 27 de junio de 2009
proselitismo en busca y captura
La mujer baja la pata de cabra en la esquina de su hambre,
se merienda el filo,
los brotes que le quedan embrollo de cuerpo y medio
y no quiere ser molestada por un sincero simulacro,
una estaca quizás la grupa le rasgue
achuchón al cuero liso fotografía,
un día en las medianeras
saetas en el cráneo,
hasta que la fusta le alcanza las ingles
en dialecto baba cosmopolita
y los sintetizadores de olores en la atrofia maleante
se sumergen en un patrimonio sin economía.
Adoquines sábanas y litros de droguería
del cuerno a la cacha navaja con tacón de aguja,
merendar familia del aguardo al esquilador serena.
Sin la melena del pasado
es capaz de ver la hermosura ruido
de su sexo de taquilla libre,
un pasto se cierne sobre la trashumante
que templa el vientre y abandona la silla.
Sergio Marín
se merienda el filo,
los brotes que le quedan embrollo de cuerpo y medio
y no quiere ser molestada por un sincero simulacro,
una estaca quizás la grupa le rasgue
achuchón al cuero liso fotografía,
un día en las medianeras
saetas en el cráneo,
hasta que la fusta le alcanza las ingles
en dialecto baba cosmopolita
y los sintetizadores de olores en la atrofia maleante
se sumergen en un patrimonio sin economía.
Adoquines sábanas y litros de droguería
del cuerno a la cacha navaja con tacón de aguja,
merendar familia del aguardo al esquilador serena.
Sin la melena del pasado
es capaz de ver la hermosura ruido
de su sexo de taquilla libre,
un pasto se cierne sobre la trashumante
que templa el vientre y abandona la silla.
Sergio Marín
jueves, 25 de junio de 2009
Antítesis coagulante
El no me llena de vidrios la sangre,
taciturno de prontos
y raro en los sueños, no arde
y me mira de reojo,
apoyado en la mesa del deseo
con las manos entre el si.
El no es una balsa entre corrientes,
miembros restos de consuelos por los caminos,
polvo de renuncia.
El no se derrite ante el si tú,
se ata al árbol amarillo de la mirada
y no expectorante de aullidos,
me ciega y pisoteo la comedia.
El no me suda a mordiscos
y entablilla medidas que escapan
y acaban desbordándose
entre tus risas de caverna,
me cose las ganas de volver
a los dones de tu capataz.
Respiro con medio pie, tengo sólo una vena y el ansia me hace dar largos paseos por el techo del no te veo, no veo, la culpa y otros animales me muerden los ojos, he creído en el equilibrio y caído desde el palco, con el ceño roto, el ebrio en huelga y el gato arañando la espalda al decorado, niego el no.
El si no tiene prisa,
es manifestante con carné de égida,
lame si es preciso con la saliva
del culpable el inocente
del ejemplo y su esparto
insoluble en razones,
se ríe del segundero ataúd,
es el amante de la paciencia,
la duerme y acaricia...
Si, se clava en cada una de las ventosas
que ralentizan al galgo ese
memoria pantomima,
husillo donde me aprieta el lúcido
que no vive en literatura,
y si, es golpe tónico de mis tardes
retortero sindicado a tu distancia fábula.
Sigo pieza, estoy ahora con goteras en los pies, taxista por donde quieras, vociferante de la impresión que me causa tu confite, que es mi almuerzo detalle sin telaraña el si, donde arreo mis mulas hacia tu crema capital y cargado de tu calcio la beta, la del sí berreo al antiséptico hasta que marcha y nos deja lamernos el corral, afirmo.
Sergio Marín
taciturno de prontos
y raro en los sueños, no arde
y me mira de reojo,
apoyado en la mesa del deseo
con las manos entre el si.
El no es una balsa entre corrientes,
miembros restos de consuelos por los caminos,
polvo de renuncia.
El no se derrite ante el si tú,
se ata al árbol amarillo de la mirada
y no expectorante de aullidos,
me ciega y pisoteo la comedia.
El no me suda a mordiscos
y entablilla medidas que escapan
y acaban desbordándose
entre tus risas de caverna,
me cose las ganas de volver
a los dones de tu capataz.
Respiro con medio pie, tengo sólo una vena y el ansia me hace dar largos paseos por el techo del no te veo, no veo, la culpa y otros animales me muerden los ojos, he creído en el equilibrio y caído desde el palco, con el ceño roto, el ebrio en huelga y el gato arañando la espalda al decorado, niego el no.
El si no tiene prisa,
es manifestante con carné de égida,
lame si es preciso con la saliva
del culpable el inocente
del ejemplo y su esparto
insoluble en razones,
se ríe del segundero ataúd,
es el amante de la paciencia,
la duerme y acaricia...
Si, se clava en cada una de las ventosas
que ralentizan al galgo ese
memoria pantomima,
husillo donde me aprieta el lúcido
que no vive en literatura,
y si, es golpe tónico de mis tardes
retortero sindicado a tu distancia fábula.
Sigo pieza, estoy ahora con goteras en los pies, taxista por donde quieras, vociferante de la impresión que me causa tu confite, que es mi almuerzo detalle sin telaraña el si, donde arreo mis mulas hacia tu crema capital y cargado de tu calcio la beta, la del sí berreo al antiséptico hasta que marcha y nos deja lamernos el corral, afirmo.
Sergio Marín
Escribiendo el amor
“El amor es, acaso, la última utopía que nos queda. El amor es la esperanza que permanece incólume en una época en la que parecieran haberse derrumbado todas las utopías”.
Gonzalo Rojas
Escribir sobre el amor supone hacer frente a una tradición abrumadora y no sólo por la cantidad, sino también por la riqueza y la intensidad de las voces que han ido tejiendo a lo largo de siglos un corpus de lírica amorosa al que, en apariencia, el poeta actual poco puede aportar… Así quien decide hoy escribir el amor, toma una opción arriesgada, y no siempre le acompañará la fortuna.
Quizá esta valentía, ese desacato a la tradición, sea la única forma de salvarlo…
Gonzalo Rojas
Escribir sobre el amor supone hacer frente a una tradición abrumadora y no sólo por la cantidad, sino también por la riqueza y la intensidad de las voces que han ido tejiendo a lo largo de siglos un corpus de lírica amorosa al que, en apariencia, el poeta actual poco puede aportar… Así quien decide hoy escribir el amor, toma una opción arriesgada, y no siempre le acompañará la fortuna.
Quizá esta valentía, ese desacato a la tradición, sea la única forma de salvarlo…
martes, 23 de junio de 2009
Me viene voy ¿te vienes?
Me viene el triste a la pantorrilla, busca asiento
junto a los buitres del a b c te digo haz esto
y deberías tachar la ubre alquitrán de cueva sin vela,
presos bajan la pupila de su espasmo caudal.
Me bebe el tratado en canción desfibrilada
pedazos de niebla capón mudez de olfato,
agudas del susto,
edema emocional del roce baja la ventanilla.
Libre el río del estreñimiento,
aprieto la piedra picotazo del escorpión
veneno si para recitar,
amartillar el pezón del verso
coliflor de todos,
hombre perra y sin enganche,
pájaro carnívoro con gafas
y peón en los tableros de quien escuche,
para ver nacer perlas en la faceta del oscilo
y perímetros sin cordón en los animales obligatorios,
agina de sombra,
bujía sacudir del coma ansiolítico,
palillo entre las uñas del límpido
y atajo en la diáspora contemplativa.
Sergio Marín
junto a los buitres del a b c te digo haz esto
y deberías tachar la ubre alquitrán de cueva sin vela,
presos bajan la pupila de su espasmo caudal.
Me bebe el tratado en canción desfibrilada
pedazos de niebla capón mudez de olfato,
agudas del susto,
edema emocional del roce baja la ventanilla.
Libre el río del estreñimiento,
aprieto la piedra picotazo del escorpión
veneno si para recitar,
amartillar el pezón del verso
coliflor de todos,
hombre perra y sin enganche,
pájaro carnívoro con gafas
y peón en los tableros de quien escuche,
para ver nacer perlas en la faceta del oscilo
y perímetros sin cordón en los animales obligatorios,
agina de sombra,
bujía sacudir del coma ansiolítico,
palillo entre las uñas del límpido
y atajo en la diáspora contemplativa.
Sergio Marín
lunes, 22 de junio de 2009
Para valientes
“El amor es, acaso, la última utopía que nos queda. El amor es la esperanza que permanece incólume en una época en la que parecieran haberse derrumbado todas las utopías”.
Gonzalo Rojas
Escribir sobre el amor supone hacer frente a una tradición abrumadora y no sólo por la cantidad, sino también por la riqueza y la intensidad de las voces que han ido tejiendo a lo largo de siglos un corpus de lírica amorosa al que, en apariencia, el poeta actual poco puede aportar… Así quien decide hoy escribir el amor, toma una opción arriesgada, y no siempre le acompañará la fortuna.
Quizá esta valentía, ese desacato a la tradición, sea la única forma de salvarlo…
Gonzalo Rojas
Escribir sobre el amor supone hacer frente a una tradición abrumadora y no sólo por la cantidad, sino también por la riqueza y la intensidad de las voces que han ido tejiendo a lo largo de siglos un corpus de lírica amorosa al que, en apariencia, el poeta actual poco puede aportar… Así quien decide hoy escribir el amor, toma una opción arriesgada, y no siempre le acompañará la fortuna.
Quizá esta valentía, ese desacato a la tradición, sea la única forma de salvarlo…
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