viernes, 19 de junio de 2009

Usted

Usted

Un silbido de anestesia
me roza los muslos de la suerte
y no miro más que al molotov almado,
una trenza descuelga del pecho balcón
a la raíz de usted la palanca.
Autostop de precipicio
bebo agua destilada de su mecánica
latiguillo escape arquetipo,
guá del mirar aullido
ombligos al barbecho,
caramelo de usted fe chupado
mensaje sin saldo.
Amor pipón, ay que susto
malentendido de usted cosido
a la tetraplegia de Narciso.
Este filtro se apunta
al escándalo en corto,
al semejante que masca criptonita
micción de usted,
consuelo náufragos de corbata
y la goma flota en la gasolina.
Usted, el cisne ahogado,
un lobo que chupa papel
herencia indígena en el tinte,
adicto jardín de la obviedad
sindicato de pájaros al futbol,
las cisternas no necesitan agua
y sobra tatami entre las uñas,
usted necesita llantos impares, usted.

Sergio Marín

Finta

Finta

Fue la púa,
golpeó duro en mi garganta guitarra de mercado
y el perista perló y fue,
el oxidante de tus pabellones nudos y empujones
que tumbaron mis bandos,
el monzón que no llega lotería y extintor vacío,
fue pues el roce de tu aleta
en mis patillas de humus que despertó
al oriental de mi sueño harakiri de gemelo,
y fue tu gelatina, eyector sin retorno
y mi estibador volcando elección al mar desviando luz,
fue esa luz, esa que me destripó en plena calle
y caí cuneta pulgar sin opción,
a ras cultivable contuso jugando al tute,
apareciste bicha, amortiguador de mi amniótico semifinal
liturgia con listón y caída sin réplica del opio olímpico,
y fue, consumación y susto de sima donde asomé el duende
y fui, una ceniza viajando ahogándose en tu charco de tiempo.

Sobre el Amor

El amor según Alain Badiou
Alain Badiou, filósofo, dramaturgo y novelista, es uno de los nombres más destacados del pensamiento contemporáneo. En un reciente reportaje publicado en el periódico Perfil responde al interrogante del amor como categoría de verdad. Me parece una respuesta sublime.
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
Creo que el amor es un procedimiento de la verdad; entonces, es una condición natural para la filosofía. (Reconozco cuatro tipos de procedimientos de la verdad: la ciencia, el arte, la política y el amor.) En el amor podemos rastrear todas las características de un procedimiento de la verdad: comienza con un acontecimiento, el encuentro entre dos personas. Después debemos encontrar la forma y las consecuencias de este encuentro, debemos encontrar un nuevo lenguaje. ¿Por qué la verdad? Porque el amor es, en mi opinión, la invención de la verdad acerca de la diferencia. Naturalmente, es la diferencia entre dos individuos, la diferencia absoluta entre la posición masculina y la femenina. Como dijo una vez Lacan, la relación sexual no existe. Hay una ilusión en la pura libertad sexual: la ilusión de que allí podemos encontrar una experiencia de conexión con el otro. Entonces, se compromete con la repetición y no con la creación. ¿Qué es la verdad acerca de la diferencia? Es la experiencia de la diferencia mediante la construcción de un nuevo punto de vista sobre el mundo mismo. Es una nueva experiencia del mundo desde el punto de vista de los Dos.
El amor no es una suerte de negociación entre dos individuos. Es la creación de un nuevo punto de vista sobre el mundo mismo: el punto de vista de los Dos. (La amistad también es la experiencia de los Dos pero es una experiencia mucho más débil que el amor. Por eso explicamos la amistad desde el punto de vista del amor y no a la inversa.) El amor es el ejercicio de la diferencia en relación con el desarrollo de la vida misma. Es, pues, la experiencia del mundo no desde el punto de vista del Uno –individual– sino desde el punto de vista de los Dos, no desde el ángulo de la identidad sino desde el ángulo de la diferencia. En este sentido, es el principio de una idea poderosa que puede devenir, finalmente, en una idea política. Que es posible construir una experiencia colectiva del mundo. Y el comienzo de esta experiencia colectiva es la experiencia de los Dos. El amor puede ser visto, en este sentido, como el principio de la política.

lunes, 8 de junio de 2009

pandemia

El mejor regalo, una camiseta usada.

Esta mañana me he puesto una camiseta tuya, usada, me he dado cuenta pero me ha dado igual por las prisas y porque he sentido una sensación agradable. En el coche me iba calando algo cómodo y caliente por el pecho y abdomen, se ha extendido a los brazos y rodeado la espalda, al pocotas piernas el culo y en el momento en que ha llegado ha la polla, la rigidez más absoluta reapoderado del miembro y de todo pensamiento. Solo en el asiento trasero, he comenzado a tocarme con una mano los testículos y agarrándola fuerte con la otra deseando tener más. Sudor intenso a las 8 de la mañana, sexo. Una serie de imágenes ocupaban todo el espacio consciente, me sentía muy bien. Al llegar al trabajoso podía relajarme, con una actitud extraña a ojos de los compañeros he corrido a la taquilla donde pronto han acudido al escuchar los gritos de desahogo y dolor, empapado de de sudor he intentado quitarme la camiseta y se me ponía más dura y más y más, hasta que al romperla y quitármela me ha estallado la polla salpicando todo el vestuario de semen gritos y sangre.
En el hospital, veo como una enfermera observa la camiseta, la huele, la palpa y paralizado sin querer hacer nada veo como se desnuda, se aprieta los duros pezones, se chupa los dedos y se mete la mano bajo las bragas; se ha puesto la camiseta. Le brillan los ojos, gruñe, desprende un calor que me alcanza, otra vez no Dios pero si si, aún casi sin polla siento como toda la sangre de mi cuerpo acude a lo que queda de ella, no grito ni me muevo, sólo miro como la enfermera me quita las vendas ensangrentadas y comienza a comerse la carne viva, gime y tiembla mientras se masturba, pierdo la conciencia cuando alza la mirada se relame y me besa en los ojos.

Sergio Marín.

domingo, 7 de junio de 2009

Dame tu libertad...

Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.

Pedro Salinas

miércoles, 3 de junio de 2009

lluvia de huellas

Lluvia de huellas

Dejó su huella, cuando tembló, el asfalto que me sujeta el pelo, me llamó la lengua, y un interrogante me estiró el escrutinio. Huella tapa poros del atiende, comerciante de insistencias y reclamo de caricias, reflejos border line, trapos nuevos por seccionar y cordones para atar los reguladores de la proteína que espolea las ganas de jugar. Huellas en la raíz, en la crisma, en la sábana del arranque, en la grieta que se sujeta con palillos, en el quedarte por ahí, por las tardes de ala, en el remo, en la trenza visión de la espera. Huellas, transeúntes de vena y hambres de perfil, del roce con tu antena, huellas en el pupitre de tus piernas, en la pizarra de espaldas, en el negativo del swing y mirar de tacón, pañuelo quitapenas y huella de bandera negra con crespón negro, al rescate de la fractura en tu labio y huella en la extirpe del kilo y el gramo en las cenizas del costado, en la tensión lírica del músculo que te ama, huella acople, ensanche y derrumbe del postizo, huella en el hombre y en el cemento del poeta.

Sergio Marín

lunes, 1 de junio de 2009

Queratina y república.

Dedos deshabitados por los garajes de un existencialista
sin esqueleto, que cae fractura escalofrío y ausencia,
prescrito lágrima, carga de nombres,
astillas de eslabón, muro anterior del aceite
resina de la duda que al pasar por la traquea,
se queda colgado en silbido, y algún pájaro
al quite se lleva el atracón ubres de hormiga
donde escribe, al oído de los cuerpos del delito,
entre las agujas y pitidos de tachón,
larvas vocablo de génesis y espuma.
Concede salir al cruce y diente que le queda,
emulsiona con la luz,
endurece la ceja de la semiótica,
le salpica un asfalto en el ojo donde ama
y un claxon intenta circuncidarle el silencio.
No hay caso, se lava en el charco de su habitante,
en la demora de un cuerpo y su voz, las tensiones
y las partes del amor que llenan el aire sacuden
su escándalo y palpita de nuevo acordes humanos,
se sienta en el borde de su reciente pupila,
suda ganas de andar descalzo convocatoria
hormona de grillo, hélices en la transfusión constante
del labio crecido callejero y mensaje,
con las partículas fuera de las vendas en quiebra,
invulnerable ser completo,
transmutante de humores vanguardias de las repúblicas
que llaman días.

Sergio Marín